Si alguna vez has intentado adquirir un nuevo hábito, probablemente hayas oído que se tarda 21 días. Otra respuesta muy extendida es que se tarda 66 días. Las investigaciones nos ofrecen una respuesta más útil: no hay un número fijo de días que se necesite para adquirir un hábito.
Un estudio influyente reveló que los participantes tardaron entre 18 y 254 días en alcanzar el 95 % de su automatismo máximo estimado. Una revisión sistemática más reciente reveló que los tiempos de formación de hábitos variaban entre 4 y 335 días en los estudios que los midieron. Por lo tanto, si un comportamiento sigue requiriendo un esfuerzo consciente después de tres semanas, o incluso tres meses, eso no significa necesariamente que el hábito no se esté desarrollando.
Uno de los estudios más citados sobre la formación de hábitos fue publicado por Phillippa Lally y sus colaboradores en la revista *European Journal of Social Psychology*. Los investigadores pidieron a 96 personas que eligieran un hábito relacionado con la alimentación, la bebida o una actividad y que lo repitieran en el mismo contexto cada día durante 12 semanas. En el caso de los participantes cuyos patrones de desarrollo de hábitos pudieron modelizarse, el tiempo necesario para alcanzar el 95 % de su automatismo máximo estimado osciló entre 18 y 254 días (1).
Las investigaciones más recientes confirman hasta qué punto puede variar ese plazo. Una revisión sistemática y un metaanálisis de 2024 incluyeron 20 estudios con 2.601 participantes, aunque solo cuatro estudios indicaron directamente el tiempo necesario para la formación de un hábito. En el conjunto de esos estudios, la mediana del tiempo de formación de un hábito osciló entre 59 y 66 días, mientras que las medias indicadas oscilaron entre 106 y 154 días. A nivel individual, los tiempos de formación de un hábito indicados oscilaron entre 4 y 335 días.
La conclusión importante no es que debamos sustituir los 21 días por otro número mágico. La creación de hábitos varía considerablemente en función del comportamiento, de la persona y de las circunstancias.
La regla de los 21 días se remonta, por lo general, al cirujano plástico Maxwell Maltz, quien escribió en la década de 1960 sobre sus observaciones acerca del tiempo que tardaba la gente en adaptarse a los cambios. Con el paso del tiempo, esas observaciones se simplificaron hasta convertirse en la afirmación, mucho más contundente, de que se necesitan 21 días para crear un hábito.
Las investigaciones actuales sobre los hábitos no respaldan la idea de que 21 días sea una regla universal. De hecho, los autores de la revisión sistemática de 2024 concluyeron que sus hallazgos cuestionan la creencia popular de que los hábitos se pueden adquirir de forma fiable en 21 días (2).
La cifra de 66 días se sustenta en más pruebas, pero puede resultar engañosa si se presenta como una regla general. Procede del estudio de Lally, en el que se analizó cómo los comportamientos repetidos se volvían cada vez más automáticos con el paso del tiempo. Podría decirse que el amplio intervalo de entre 18 y 254 días resulta más útil que la famosa cifra de 66 días, ya que pone de manifiesto lo diferente que puede ser el proceso de una persona a otra y de un comportamiento a otro.
Por lo tanto, 66 días no son los nuevos 21 días. Esto nos indica que la creación de un hábito suele llevar más tiempo de lo que sugieren los consejos más comunes, no que todo el mundo deba esperar que un comportamiento se convierta en automático al llegar al día 66.
Si piensas en ponerte el cinturón de seguridad al subir al coche o en coger las llaves antes de salir de casa, probablemente no te detienes a tomar una decisión completamente nueva cada vez. Ese comportamiento se ha asociado estrechamente a una situación familiar.
Esta es una parte importante de la automaticidad. Repetir un comportamiento en un contexto constante puede hacer que, poco a poco, resulte más fácil ponerlo en práctica sin necesidad de el mismo nivel de reflexión consciente. En el estudio de Lally, la automaticidad aumentó en general con la repetición antes de estabilizarse gradualmente. La formación de hábitos fue un proceso, más que un interruptor que se activó de repente un día concreto.
Beber un vaso de agua después del desayuno es muy diferente a realizar una rutina de ejercicio de 45 minutos. Una cosa requiere solo unos segundos y muy poca preparación, mientras que la otra implica tiempo, planificación y varias acciones distintas. Esto ayuda a explicar por qué buscar un único plazo para la formación de un hábito puede resultar engañoso.
El estudio de 2024 identificó varios factores relacionados con la formación y la consolidación de los hábitos, entre ellos la frecuencia, el momento en que se realizan, el tipo de comportamiento, la elección personal y las rutinas preparatorias. Estos hallazgos resultan útiles para comprender por qué varía la formación de los hábitos, pero no deben convertirse en otra fórmula universal.
El hecho de perder una oportunidad no te devuelve automáticamente al punto de partida. En el estudio de Lally, el hecho de perder una sola oportunidad de llevar a cabo el comportamiento elegido no afectó de manera significativa al proceso de formación de hábitos.
Eso no significa que la repetición no sea importante. Significa que la constancia y la perfección no son lo mismo. Si te saltas el martes, el miércoles es otra oportunidad para practicar ese comportamiento, no necesariamente un nuevo comienzo desde cero.
En lugar de centrarte en alcanzar un número concreto de días, resulta más útil crear las condiciones que faciliten la repetición. Empieza por un comportamiento específico que puedas repetir de forma realista. «Llevar una vida más saludable» es una intención. «Dar un paseo de 10 minutos después de comer» es algo que realmente puedes poner en práctica.

También ayuda vincular el comportamiento a una señal constante, como hacer algo después del desayuno, al llegar al trabajo o antes de empezar una tarea concreta. Reducir las dificultades también puede facilitar la repetición. Preparar lo que necesitas con antelación o colocar un objeto donde lo veas puede eliminar parte del esfuerzo que supone recordar y ponerse manos a la obra.
Cuando un comportamiento es nuevo, es fácil olvidarlo. Los recordatorios y los «empujones» digitales pueden ayudar a impulsar la acción mientras el comportamiento aún requiera un esfuerzo consciente. El recordatorio no es el hábito en sí mismo. Su función es crear otra oportunidad para practicar el comportamiento de forma constante.
Las herramientas digitales también pueden ayudar con el seguimiento, los recordatorios y la rendición de cuentas. Si buscas algunas opciones prácticas, hemos analizado nuestras aplicaciones recomendadas para crear hábitos dirigidas a profesionales, entre las que se incluyen herramientas diseñadas para distintos objetivos de creación de hábitos.
Los lugares de trabajo están llenos de comportamientos repetitivos. Algunos favorecen la seguridad y el rendimiento, como realizar una comprobación antes de poner en marcha la maquinaria, mirar en la dirección del movimiento o seguir una rutina de preparación constante. Otros, en cambio, pueden suponer un riesgo, como saltarse automáticamente un paso que ya se conoce bien porque las últimas cien veces no ha pasado nada.
Los hábitos no sustituyen a los equipos de seguridad, los procedimientos, las evaluaciones de riesgos, la supervisión ni la formación. Sin embargo, pueden influir en la fiabilidad con la que las personas aplican lo que saben, sobre todo cuando la atención se ve afectada por las prisas, el cansancio, la frustración, las distracciones o la familiaridad. SafeStart profundiza en esta relación en «El hábito de la seguridad».
Conocer el comportamiento correcto y llevarlo a cabo de forma fiable no siempre es lo mismo. Una persona puede comprender un procedimiento y, aun así, cometer un error involuntario cuando su atención está en otra parte o cuando las circunstancias dificultan la tarea. Por eso, una formación eficaz para reducir los errores humanos va más allá del mero conocimiento y tiene en cuenta los factores que influyen en las decisiones y acciones en cada momento.
El objetivo no es automatizar todas las decisiones que se toman en el lugar de trabajo. Algunas tareas requieren una reflexión minuciosa, criterio y comprobaciones deliberadas. Sin embargo, poner en práctica comportamientos útiles puede ayudar a que resulte más fácil llevarlas a cabo de forma sistemática, lo que añade una capa adicional a los sistemas y controles existentes.
Crear un hábito requiere repetición, y los estudios demuestran que este proceso puede llevar semanas o meses. Esto también es importante a la hora de aprender. Dar información a alguien una sola vez no es lo mismo que crear oportunidades para practicarla y aplicarla a lo largo del tiempo.
YOUFactors utiliza breves actividades de aprendizaje digital, ejercicios prácticos y pequeños estímulos para fomentar el desarrollo de habilidades y hábitos relacionados con el rendimiento humano. El objetivo no es prometer que un comportamiento se convierta en automático en 21, 66 o cualquier otro número fijo de días, sino ayudar a las personas a tener siempre presentes las habilidades importantes y crear oportunidades para practicarlas hasta que se consoliden.
No hay una respuesta universal. Las investigaciones han revelado variaciones considerables entre las personas y los comportamientos, incluyendo tiempos de formación individuales que oscilan entre los 4 y los 335 días en los estudios incluidos en una revisión sistemática reciente.
En lugar de preguntarte cuándo acabará «cuajando» un hábito, una pregunta más útil es: ¿cómo puedo hacer que este comportamiento resulte lo suficientemente fácil y constante como para seguir practicándolo? Elige un comportamiento concreto, vincúlalo a una señal útil y repítelo una y otra vez. Saltarte un día no supone el fin del proceso. Lo importante es retomar el hábito y volver a practicarlo.
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